Conozco a Yoel desde antes de que él me conociera a mí, se hablaba de él fuera de las paredes de la Academia de Artes San Alejandro donde luego yo también ingrese y donde hice todo lo que estaba a mi alcance para tener la suerte de ser alumno suyo en el curso en que él era profesor, jefe de cátedra de dibujo artístico y anatomía, quizá por eso nada de lo que diga en lo adelante sea verdaderamente objetivo e imparcial a la hora de presentar la obra y la persona de Yoel Diaz Galvez.

Comenzaría diciendo que es un maestro, de esos que el talento les libera de otros maestros, un dibujante eximio, dueño de una técnica sufrida, ganada en la batalla de la constancia y la disciplina, aprendió a dibujar al mismo tiempo que aprendió de memoria la mayor creación de Dios, el hombre. Lo aprendió por dentro y por fuera, con una pasión vital, muscular, nerviosa. El como artista prematuro no perdía el tiempo y con cada trazo se consagraba al arte en un irreversible sacrificio, viviendo como todos, quería hablar de la vida, de la suya y como artista al fin, de la de todos. En algún momento de su vida cruzo una frontera que los demás no sabemos dónde queda, pero si lo saben Miguel Ángel, Rodin, Lucían Freud, digo estos porque hablaban también el lenguaje del cuerpo, un idioma difícil de aprender. Yoel entro en ese país donde todo lo que existe, es arte. Yo no sé cómo es ese lugar, pero puedo sentirlo cuando estoy frente a su obra.

Estaría faltando a la verdad al mencionar solo su dibujo, el de un hombre que ha vivido mil años. Poseedor pues de todos los recursos de la pintura, para Yoel, el lápiz, el carbón y el pincel son la misma cosa, algo cotidiano con que hablar su idioma y decir, lo que no podríamos, como afirmara Lennon ni en mil palabras.

Cada hombre es universal, pienso, porque cada uno puede cambiarse por otro, llegar a un lugar, o ver llegar a alguien. Todos estamos expuestos a cualquier suerte, estamos unidos al mismo tronco, a la misma condición de hombre, nacido de una mujer, que con dolor de madre nos empuja, como un deber mutuo, al mundo, donde una vez que respiramos, somos todos inmigrantes, porque emigramos del lugar donde fuimos formados, nuestro hogar de carne, nuestro país de sangre, emigramos de nuestra madre a lo desconocido. Y como la madre, es la tierra, el mundo, la cultura, el amigo, la isla. Y ese es el tema de esta muestra, “trazos de Impronta”, la inmigración. Ese fenómeno, que si te descuidas, te mata, te ahoga en el mar, te mete una bala en la cabeza, o con peor suerte, te hace un forajido, un indocumentado, un ilegal y con peor suerte aun, dejas de verte a ti mismo en el espejo, te hace otro, alguien que está en dos lugares, muriendo a uno y naciendo al otro, como el parto sin la madre, uno que dura mucho y nunca acabas de nacer.

Yoel sabe muy bien de lo que habla, el, como yo, está naciendo y muriendo cada día, en cada cuadro. Queriendo abrirse por fuera se cierra por dentro, siendo ahora él la madre que da a luz estos dibujos, los escupe, los empuja, los hecha de casa, los destierra, por que como ya dije él sabe dónde está la frontera, por que el, aunque esta en México, esta también en otro país, el del arte y es ciudadano por merito propio de la humanidad y sus dibujos son testigos de ello, tiene esa fuerza, su fuerza, su derecho universal a decir lo que piensa y siente ,agarrándose de todo lo que hay entre su casa de hoy y su casa de ayer, al agua invisible, el bote multiplicado , los remos infinitos, , el ave nacional, que son ya símbolos en sí mismos, comprados con las vidas de los candidatos a inmigrantes en “el mar de las Antillas.” El cuerpo es el, los cuerpos todos, son el, que va y viene, unas veces llega, otras regresa y otras….. está en esos dibujos, enormes, gigantes, colosos, a tamaño natural y no por alardear de nada, por presumir virtuosismo alguno, sino por que urge que así sea, que nadie pueda negar haberlo visto, que nadie cierre los ojos, porque todos somos todos, porque todos de un modo u otro, somos inmigrantes.

Coherentemente pues, la técnica mixta es más que idónea, la mezcla de materiales diversos, pertenecientes todos a medios distintos, el carbón, el pastel, la pintura acrílica sobre papel, como venidos todos de países distintos invaden la pared, la poseen y la dominan, aprovechando el espacio para componer su discurso, ese que no debe explicaciones, si no que las pide, las exige. Todo en un lenguaje contemporáneo, una visión contemporánea, porque Yoel es un hombre de hoy, de ahora mismo, que dice lo mismo con una instalación bidimensional que con materias reales tridimensionales que con la bandera Cubana, Que diciendo adiós al color imprime en el alma de todos la ausencia de muchos, los que están en el mar, en las fronteras, en los espejos, en si mismos, en el mundo.

Hasta aquí puedo yo decir de Yoel Diaz Galvez, no sé si haciéndole bien o mal, no se si objetivamente o no, pero si con la certeza de que ahora mismo está en ese país al que yo también quiero llegar, pintando para todos, sean de donde sean.

Espera hermano a que cruce también yo la frontera que pocos saben, a ese lugar donde todos, como cuando Dios recibe a los suyos en su reino, llegan siendo ciudadanos.

Ariam Lazaro Perez Barrios.
Tenerife, Julio de 2012.

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